Piezas de un mismo reloj. Eso somos. Metidos en ese engranaje que mide el tiempo sin poder atraparlo y casi sin poder tenerlo. Somos finitos en una máquina infinita. Miramos desde la azotea como nos llega su luz incansable. Es como el gran teatro del mundo que abre su telón y jamás lo cierra. Su obra no tiene fin, sus actores todos, sin aprendernos el papel y sin saber cuando tenemos las pausas para tomar aire.
Somos piezas de un mismo reloj, hecho con paciencia y minuciosidad. Ahí en el corazón de su caja, nuestra ruedita se mueve lentamente con cuidado, temerosos de que nuestro paso se escape del engranaje y se nos muera el tiempo.
Con ese reloj ponemos tiempo a la vida, queremos sernos, queremos completarnos, pintarnos, queremos tener un minuto de ternura y mirar detrás de ese agujero calladamente.
Somos piezas de un reloj interminable.
AmpaCar- Junio 2010


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