Por fin se hizo presente y oímos su canto y su ritmo: la lluvia. Sienta bien meternos en esta otoñada. La luz se inclinó para recoger su brillo y extendió su gris color nácar. Apareció lentamente, como perezosa. Le costaba saltar de su nube, pero no se resistió más.
El paisaje cambió. Parecía que se hubiera pintado. A través de mi cristal te vi imponente y maravillosa. Tantas ilusiones que guardabas, tantas reuniones y tantas tardes de “guateques” que encerraban tantas cosas añoradas. Siempre estuviste llena de ilusiones y de miradas. Siempre fuiste precisamente el refugio de tardes de otoño como esta. Tus paredes guardan melodías, sonrisas, besos a hurtadillas y ahora guardan: silencios.
AmpaCar- Octubre 2010
Carpe dien
