Ha habido un receso o parón en las cartas, tal vez porque el tiempo pasa rápido y la memoria más lenta que sus pasos.
El otoño ha comenzado. Ya sabes que esta época es de añoranzas y de inquietudes y a mí me pone especialmente sensible, recuerdas, verdad ?
Han pasado tantas cosas que me parece como si hubiera vivido una segunda vida llena de todo lo que se puede pedir, pero especialmente adverso y no deseado. Siempre me sorprendo cuando veo y siento como la vida puede cambiar en tan solo unos segundos. Pero lo importante es conseguir superar esas adversidades. No es fácil, pero si tienes de tu parte al factor suerte pues todo o casi todo se consigue.
Me veía inmersa en un mar de dudas, y por el cine de mi memoria volvió a pasar la proyección de hace diez años. Una vez más me creí que eso no era conmigo, que era algo ajeno a mí. Cuando llegan esos golpes, es como si te metieran en un túnel y empezaras a dar vueltas y vueltas sin sentido. Te emborrachas de sensaciones y te asalta una pregunta: que pasará?.
A mi lado, tenía la imagen de mi hijo que reflejaba esa ansiedad de desolación al tener que enfrentarse por primera vez con la realidad: el peligro de truncarse la vida. Se aferraba a un clavo ardiendo, y no intentaba contener sus lágrimas. ¡¡ Cuánto cariño había en ellas ¡!. Intentábamos consolarnos mutuamente y nos decíamos que todo iría bien, como así fue. Ahora lentitud y calma y desasosiego también. Las recuperaciones son así y el fantasma de la vuelta atrás siempre se tiene presente.
Como ves, he tenido motivos para la ausencia epistolar, pero no por ello, he dejado de acordarme que tú las esperabas.
Ahora , con el otoño, empezará a surgir en cada árbol y en cada rama esa vida que termina sin terminar pero se hace inquietud en casi todos los mortales. Tiempo de dorados colores y fuerza de sentimientos. Tiempo tal vez de melancolía y de abrazos. Tiempo en el que la piel busca el refugio de tu piel y tiempo en el que tú abrazo se hace más caluroso.
Deseo, como siempre, que al recibo de ésta, te encuentres al menos como yo deseo: lleno de paz. Es lo importante y cada día se hace más patente y más necesaria. Paz nuestra y de todos, paz sencilla de palabras amables y de unos buenos días paz necesaria. Paz de miradas sin palabras pero paz que nos dé sosiego. Así me gustaría que te encontraras.
Tus árboles están despidiéndose con la caricia templada del sol, y dejan caer sus hojas que nos dieron sombra en el verano. Cada vez que los miro, emerges en ellos. Sus ramas casi desnudan no sienten el pudor cuando se las mira, saben que son igualmente bellas. El camino de la rosaleda también se va quedando oscuro acompañando al silencio como si quisieran retomar sus adentros y ponerse a pensar y a preparar el frío invernal.
Todo ha cambiado ya ves, todo es distinto e igual que siempre, todo sigue su ritmo y nosotros con ellos nos vamos alejando un poco más cada día de nuestra primavera. Empezamos ese otoño dorado y misterioso lleno de “otra vida y de otros momentos”.
No olvides de tener a mano siempre la chaqueta de punto, eres propenso a los constipados y ahora ya sabes es la época. Cuídate y espero el cuadro de flores que me prometiste. Vuelve a pintar y deja constancia para ti y para mí de tus ojos expresados en un lienzo.
Besos siempre.
AmpaCar- Octubre 2010
Carpe diem



