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lunes, 4 de octubre de 2010

Cartas desde la ventana


    Ha habido un  receso o parón en las cartas,  tal  vez porque el tiempo pasa  rápido y la memoria más lenta  que  sus pasos.
    El otoño ha comenzado. Ya sabes  que  esta época  es de añoranzas y  de inquietudes y a  mí me pone especialmente sensible, recuerdas, verdad ?
    Han pasado  tantas cosas que  me  parece como si hubiera vivido una segunda vida llena de  todo lo que se puede pedir, pero  especialmente  adverso y no deseado. Siempre  me  sorprendo  cuando  veo y siento como la  vida puede cambiar en tan solo unos segundos. Pero  lo importante es  conseguir superar esas adversidades. No  es fácil, pero  si tienes  de tu parte  al  factor suerte pues todo o  casi  todo se consigue.
    Me  veía inmersa en un mar de dudas,  y por  el cine  de mi memoria  volvió a pasar la proyección de hace diez años. Una  vez  más me  creí  que eso no era conmigo, que era algo  ajeno a mí. Cuando llegan esos golpes, es como si  te metieran en un túnel  y empezaras a dar vueltas y vueltas sin  sentido. Te emborrachas de sensaciones y te asalta una pregunta: que pasará?.
    A mi lado, tenía la imagen de mi hijo  que reflejaba esa ansiedad de desolación  al tener que enfrentarse por primera vez con la realidad: el peligro de truncarse la  vida. Se aferraba a un clavo ardiendo, y  no intentaba contener sus lágrimas. ¡¡ Cuánto cariño  había en ellas ¡!. Intentábamos consolarnos mutuamente  y nos decíamos que todo  iría  bien, como así fue. Ahora  lentitud y calma y  desasosiego también. Las recuperaciones son  así y el fantasma de la  vuelta atrás siempre  se tiene presente.
    Como  ves, he tenido motivos para la ausencia epistolar, pero no por  ello,  he dejado de acordarme  que tú las esperabas.
    Ahora  , con el otoño, empezará a surgir en  cada árbol y en  cada  rama esa vida que termina  sin terminar pero  se  hace  inquietud  en  casi  todos los mortales. Tiempo de dorados  colores y fuerza de sentimientos. Tiempo tal vez de melancolía y de abrazos. Tiempo en el que la piel busca el refugio de  tu piel y tiempo en el que    abrazo se hace  más caluroso.
    Deseo, como siempre, que al recibo  de ésta,  te encuentres  al menos como  yo deseo: lleno de paz. Es lo importante y  cada día se hace  más patente y más necesaria. Paz nuestra y de todos, paz sencilla de palabras amables y de unos buenos días paz necesaria. Paz de miradas sin palabras pero  paz que nos  dé sosiego. Así me gustaría  que te encontraras.
    Tus árboles están despidiéndose con la  caricia  templada del  sol,  y dejan  caer sus  hojas que  nos dieron sombra en el verano. Cada  vez que los miro, emerges  en ellos. Sus  ramas  casi desnudan no sienten el pudor cuando  se las mira, saben que son igualmente  bellas. El camino  de  la rosaleda  también se va quedando oscuro  acompañando  al silencio como si quisieran retomar sus  adentros  y ponerse  a pensar  y  a preparar el  frío  invernal.
    Todo  ha cambiado ya  ves,  todo es distinto  e igual que siempre,  todo sigue su ritmo y nosotros con ellos nos  vamos alejando un poco más cada día de nuestra primavera.  Empezamos ese otoño dorado y misterioso  lleno  de “otra vida y de otros momentos”.
    No olvides  de  tener a mano siempre la chaqueta de punto, eres propenso a los constipados y ahora  ya  sabes  es la época. Cuídate y espero el  cuadro de flores que me prometiste. Vuelve a pintar y deja constancia  para ti y para mí  de  tus ojos  expresados  en un lienzo.

Besos siempre.

AmpaCar- Octubre 2010
Carpe diem

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cartas desde la ventana



          
Tu pañuelo

        Hoy estuve  buscando por  todos  los armarios la blusa color crema que tanto te gustaba. La había dejado   descansar  en algún sitio y no recordaba donde podía estar. No  sé por qué hoy la  extrañaba. Pero se resistía y mi búsqueda  se  agotaba y  con ella  yo.
         Descansé   para comer pero continuaba pensando y mi memoria  había perdido el norte y el  sur, y  no  tenia  orientación en la búsqueda. Pero no  quería rendirme, sabía que  en algún sitio  colgaba sus hombros  suaves y  su lazo en el  cuello.
        Me senté en el borde  de la cama  cerré los ojos y volví a  vivir el último momento que  la tuve puesta. Era un día de otoño,  cuando la  luz  se  hace de oro y la  brisa nos roza la  cara. Salimos  al cine y como era habitual tu brazo asía al mío  recorriendo el parque  casi solitario. Siempre pendiente de mí y siempre evitando que mis pies pudieran tropezar. Me miraste  y con ternura infinita me dijiste: te sienta bien esta blusa,  te favorece. A partir de ahí,  fue una de mis prendas favoritas.
        Y luego……..descansó. Era demasiado sostenerla encima de mis hombros  sin sentir  tu calor sobre ella. Una lágrima  caía sobre  mi mejilla. …Tenía que  encontrarla.
        Me quedaban pocos sitios  por  buscar. Abrí el último cajón de la cómoda  y mis manos  se deslizaban  entre tus  camisas. Me devolvían tu  olor,  tu  color  y  el  sabor  de tu  piel.  Levanté una por una y  entre la azul  y la de rayas  blancas y granates , que tanto te favorecía,  encontré  tu pañuelo,  aquel  que rodeaba  tu cuello  casi todas las mañanas. ¡¡ que guapo estabas con él ¡! ,  te hacía  elegante  y  diferente.
        Dejé  de buscar la blusa, habría sido demasiado  encontrar las dos cosas el mismo día. Entre mis manos se  acurrucaba  tu pañuelo y se hacía niño  para  recibir  esa ternura que tanto te gustaba. Nunca más  te quedarás  guardado ni silencioso. Serás protagonista de mis sueños  y mis horas tardías.
        TE he puesto hoy  alrededor  de mi cuello y  he salido a la calle  segura de que al fondo del parque hoy  me mirarás.
        Otro día encontraré la blusa cansada de estar colgada.
Tuya  siempre.
AmpaCar- Agosto 2010-09-02
Carpe diem

lunes, 30 de agosto de 2010

Cartas desde la ventana





         No sé  cuantas serán, ni  cómo serán, pero  te las iré  escribiendo para contarte  como  se pasa el tiempo mirando  al  horizonte.
         Te diré  que  este estío, nos está secando el  cuerpo  y  la vida se aferra  a esos colores pardos  que  quieren  respirar,  sobrevivirán porque en ellos  está la dureza,  esa que nos enseña tanto en  la  vida.
         Los días transcurren  con la  lentitud  que  da el calor,  y  también  con  esa monotonía  propia de la época.  Tus  geranios los que plantaste en primavera  están  floreciendo todavía, ya sabes  que  es  (como tú dices) una planta resistente. El de color salmón está  precioso. Pero las rosas,  las  rosas  están secas,  no  son el sitio apropiado. Esas  tienen su sitio donde florecen  bellas  y esplendidas. Esas  son tus preferidas.
         Por lo demás  todo  sigue normal. Se avecina el  tiempo de las  hojas doradas. Esas hojas  que  alfombran el suelo y se estremecen a  tu paso y yo las  veo y me siento llena  de  ti y es como si el  ciclo de tu  abrazo  volviera a empezar. Y  me siento  feliz  y te miro a los ojos  y los veo brillar como  el primer día. Es tiempo para recomenzar todo el día a día,  con su tic tac permanente  y sonoro. Es tiempo, donde mi deseo sigue machacándome  en la cabeza: ver las  caritas de los niños cuando con sus  carteras  se incorporan como  yo digo a “la casa grande” del aprendizaje y los juegos,  a la casa donde algunos por primera vez empezarán a aprender que  hay letras  con las que se puede  jugar  y contar  historias. Nosotros  no tuvimos la suerte  de acercarnos a la puerta de ese colegio para  recoger ni llevar nada, por  eso, mi deseo  aunque  mitigado por tu amor y entrega sigue  vivo en nosotros.
         Por hoy no tengo más que contarte,  pero mañana,  mañana te pediré el  beso de todos los días.
Recibe  esta carta con el cariño de siempre y con el amor como la  flor   de “siemprevivas o perpetuas”.
Amparo-Agosto 2010-
Carpe diem