Huele a goma borrada, a lápiz y papel de cuadernos de dos rayas. Los pasillos se han llenado de voces y carreras indecisas. Todo empieza en septiembre a ser diferente. Muchas cosas buenas suceden en ese espacio de tiempo que termina con el estío. Se van formando y conformando años tras año las personalidad de cada cual. Respetables todas, pero tan variopintas y enrevesadas a veces que suelen ser casi anodinas.
Van creciendo con esa película que se proyecta en blanco y negro, ausente de colores de tal manera que se olvidan que entre medio pueden poner a veces algo de cordura y verdad. Viven la fantasía de un mundo con “Alicias” pegadas a las telenovelas queriendo ser como ellas, las buenas y las malas, las estrellas y demonios sin importarles casi nunca el camino sencillo, prefieren el tortuoso y escabroso. Pero en el fondo, a pesar de todo, desean ese segundo de ternura que desprecian tantas veces.
Corazones llenos de cariños rotos y espacios vacíos donde duermen como retratos añejos , caras rotas, muñecas del deseo y estrellas de la película que se han creado atrapadas entre las rejas de su propia cárcel .
Años que viven intensamente en esa juventud que empieza con ese época de olor a goma borrada y a lápiz y crece llena de furia que les hacen vivir intensamente con tan pocos años forjando un alma llena de arrugas que está deseando encontrar ese agua para ablandarlas.
No son como quieren que se les crea que son, pero se esfuerzan por aparentar esa imagen que a veces tanto daño hace. Todos somos buenos y malos, ángeles y demonios por más que queramos borrar nuestras vida, esta continúa teniendo esa bella y amarga sonrisa a veces marginada y a veces mecida por el viento en palmeras levantadas al cielo y verticales a la tierra con raíces retorcidas que flotan entre colores variopintos que se asoman a las ventanas de cada alma y fluyen libres de ataduras.
AmpaCar-Septiembre 2010-09-24
Carpe dien






