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viernes, 29 de abril de 2011

Buscando tu seda-VI



                Por fin había llegado el día. El billete de la  travesía reposaba en su cartera. Nada de lo que hacía tenía sentido y cada segundo se restaba del tiempo que la llevaría a ella.
            Su equipaje poco a poco iba completándose con esmero y mimo. Sus corbatas, pañuelos, camisas,  gemelos,  todo  encontraba su sitio en el baúl de  viaje.
            Una sensación rara se apoderaba de él y no sabrá explicar los sentimientos desconocidos que  sentía. Era como un niño ilusionado que  no razona, ni entiende de fronteras ni de peligros, sólo quería sentirse así y se encontraba feliz. Nada que no fuera ella ocupaba su mente.
            Y ella……Keiko vivía sin sentidos. Los días se hacían  cada vez más largos y vacíos, pero,  como llenar esta ausencia que le ahogaba y quemaba hasta sus entrañas? Si al menos supiera dónde y cómo encontrarlo. Si al menos pudiera tener la certeza de que era real,  que no había sido un sueño?
            Presentía sin embargo que algo iba a suceder en su vida, pero  esto es habitual en la  tradición nipona. Temía que ese algo la apartara de su sueño.
            Keiko, una mujer libre e independiente no era muy normal en la sociedad tradicional  de  su país. Gozaba de una economía poderosa heredada de su familia a la que ella había contribuido su dedicación, pero ahora……necesitaba amar y sentirse amada. Necesitaba sentir sus noches distintas. Cobijada entre sus brazos. Sentir que su piel respiraba vida.
            Una punzada de ansiedad le atenazó en ese instante y dejó deslizar sus manos por su cuerpo para soñar despierta. Soñaba que entraba por la puerta y se fundían en un largo beso y abrazo y en esa locura de pasión que necesitaba y deseaba.
            No sabía ni siquiera presentía que  estaba cerca el olor de esa piel que la  hacía seguir viva cada día.
            En ese instante, él subía la escalerilla del Karadenizt, ese barco que lo llevaría  a  su “flor de loto”

AmpaCar. Abril 2011-04-29
Carpe diem