lunes, 30 de agosto de 2010

Cartas desde la ventana





         No sé  cuantas serán, ni  cómo serán, pero  te las iré  escribiendo para contarte  como  se pasa el tiempo mirando  al  horizonte.
         Te diré  que  este estío, nos está secando el  cuerpo  y  la vida se aferra  a esos colores pardos  que  quieren  respirar,  sobrevivirán porque en ellos  está la dureza,  esa que nos enseña tanto en  la  vida.
         Los días transcurren  con la  lentitud  que  da el calor,  y  también  con  esa monotonía  propia de la época.  Tus  geranios los que plantaste en primavera  están  floreciendo todavía, ya sabes  que  es  (como tú dices) una planta resistente. El de color salmón está  precioso. Pero las rosas,  las  rosas  están secas,  no  son el sitio apropiado. Esas  tienen su sitio donde florecen  bellas  y esplendidas. Esas  son tus preferidas.
         Por lo demás  todo  sigue normal. Se avecina el  tiempo de las  hojas doradas. Esas hojas  que  alfombran el suelo y se estremecen a  tu paso y yo las  veo y me siento llena  de  ti y es como si el  ciclo de tu  abrazo  volviera a empezar. Y  me siento  feliz  y te miro a los ojos  y los veo brillar como  el primer día. Es tiempo para recomenzar todo el día a día,  con su tic tac permanente  y sonoro. Es tiempo, donde mi deseo sigue machacándome  en la cabeza: ver las  caritas de los niños cuando con sus  carteras  se incorporan como  yo digo a “la casa grande” del aprendizaje y los juegos,  a la casa donde algunos por primera vez empezarán a aprender que  hay letras  con las que se puede  jugar  y contar  historias. Nosotros  no tuvimos la suerte  de acercarnos a la puerta de ese colegio para  recoger ni llevar nada, por  eso, mi deseo  aunque  mitigado por tu amor y entrega sigue  vivo en nosotros.
         Por hoy no tengo más que contarte,  pero mañana,  mañana te pediré el  beso de todos los días.
Recibe  esta carta con el cariño de siempre y con el amor como la  flor   de “siemprevivas o perpetuas”.
Amparo-Agosto 2010-
Carpe diem

martes, 17 de agosto de 2010

Entre renglones

Entre los renglones de mi vida, está el torcido, aquel que deseamos enderezar todos los días pero que se resiste, será porque nos hace falta para seguir enderezando nuestros pasos por el borde del mismo?.

Mi pájaro de metal me devolvió a mi nido. con mis plumas y mis ojos.
Gracias por dejarme volver.

AmpaCar- Agosto 2010
Carpe diem