Los niños de la guerra.
Las guerras siempre llegan para desesperanza de todos. A veces casi nadie sabe las causas ni motivos que las desencadenan.
Están sometidas a la decisión de unos cuantos poderosos que nunca sufren las consecuencias de ella. Nosotros nos convertimos en sufridores, sumisos y pacientes, sorteando calamidades, necesidades y penurias. Pero los adultos siempre tenemos unos mecanismos para evitar que nos dejen las marcas justas y solo las necesarias.
No ocurre así con los niños, los “los niños de la guerra”, de todas sin excepción. Los niños de la guerra que se encuentran en sus vidas con miedo, sorpresas, llantos, zumbidos, carreras hacia ninguna parte para guardarse y aguardar los momentos de calma en esta vorágine en la que se han visto metidos. Niños que se sienten aterrados sin entender de lo está pasando tan solo ven tristeza.
Pero en el fondo son niños y necesitan ejercer esa infancia a pesar de todos los pesares. Siempre encuentran ese momento en el torbellino de vida que causan esas guerras para dar unas carreras y patadas a una pelota tal vez hecha de trapos, pero que llenan esa infancia anodina. Expresan esos omentos sentidos, una hoja de papel cualquiera se ve llena de figuras que sus manitas pintan igualmente donde con la audacia y la inteligencia que dan los con gran acierto lo que sienten, lo que viven.
Esos dibujos se encuentran la mayoría de ellos en la Universidad de California en San Diego, donde forman parte de la colección Suthworth en la sección de la Mandeville Special Collections .
Otros fueron donados al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Columbia por Martin Vogel. Murió el 20 de mayo de 1938 a los 59 años. En su testamento, fechado el 16 de marzo de 1938, deja varias cosas a la Universidad de Columbia. Estos dibujos , la mayoría fueron exhibidos en la tienda Lord and Taylor’s de Nueva York, en febrero de 1938.
Todos plasman esa inquietud del mundo infantil y mirarlos quiero creer que a todos nos produce impotencia porque en el fondo sabemos que si nos llega una guerra, nos veremos impotentes para detenerlas y evitar que nuestros niños pasen por esos momentos.
AmpaCar- septiembre 2010-09-21
Carpe diem
