Dos cuerpos entrelazados recorren ensimismados esa pista de baile donde suena esa música que los transporta a esa gloria que dura tan solo cinco minutos, más o menos lo que dura la “pieza”.
Se espera con ilusión y deseos contenidos, ese domingo que les permitirá abrazar a la mujer o mujeres deseadas. Es el momento legal socialmente donde ese acercamiento de ambos dos seres “mujer y hombre” pueden sentirse sin ser mal mirados ni criticados.
El baile, ese baile que se entiende como goce de ambos cuerpos. Ese baile que roza y sumerge a la pareja en minutos de gloria que lleva sus cuerpos al ritmo de la música a traspasar la frontera de lo humano, para adentrarse en lo “más humano” en esos sentidos y sentimientos carnales que se viven intensamente al compás de la música.
El baile era la escusa perfecta para poder abrazar a esa mujer deseada públicamente, y lucirse con ella en esa pista donde las parejas mostraban su felicidad al sentir el cuerpo femenino pegado a su piel, y nosotras también el de ellos, por supuesto.
Cuantos sueños en esos minutos donde los cuerpos vibraban y Vivian. Miradas de deseo y de amor y de felicidad. Era como un rito preparar esa tarde de baile. Las mejores galas, el mejor perfume. Recuerdo a mi madre que vivía intensamente esos momentos de la fiestas patronales. Más tarde lo viví yo. Deseábamos que pasara la semana para encontrarnos cara a cara con esa persona que nos hacía tilín y por lo menos recorrer entre sus brazos al menos una vez ese gran salón y después irnos a casa con la sensación aún fresca de haber estado entre sus brazos y haber sentido demasiado deprisa tal vez.
Y yo ahora recuerdo estos momentos de fiestas de pueblo con nostalgia. Y me renacen en la memoria esas imágenes que me llenaron de vida y felicidad. Aquellas verbenas donde grandes orquestas amenizaban esos saraos para deleite y disfrute gozoso de todos.
No eran mejores aquellos tiempos, eran diferentes y de vez en cuando el recuerdo que sobrevive sigue siendo delicioso y la piel se sigue emocionando al imaginar aquellos días de baile.
AmpaCar- Junio 2011-06-12
Carpe diem

