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jueves, 17 de junio de 2010

Un día más


Caminaba lento y cansado. Deambulaba desorientado. Miraba a uno y otro lado ansioso, queriendo encontrarlo. Ni un resquicio ni una sombra, nada ¡nada!
            Se sentó en el banco vacío y frío.  Como siempre sin  nada que comer , nada. Dirigió su mano al bolsillo interior de la chaqueta, ajada y parda que le acompañaba desde hacía tantos años y sacó la cartera hecha de la caja última de los últimos zapatos que había comprado. La abrió y la miro tiernamente como hacia siempre. Miraba  su sonrisa y esos rizos que enmarcaban su cara. No podía ser se repetía una y otra vez. Que había hecho?
No le habían dado tiempo ni siquiera a jugar tres años seguidos. Sus manos blancas y  pequeñas se iban apagando como la vela que arde y él no podía hacer nada. ¡ nada! .
            Una lágrima recorría otra vez su mejilla como siempre, para ir a parar a su corazón  frio  y marchito. Siguió mirándola, descansada en esa cartera tantas veces acariciada, tantas veces llorada , esa foto que era lo único que le quedaba de ella, juntos con sus recuerdos. 
Entornando los ojos  la cerró para guardarla junto a su corazón  donde  llevaba tantos años   . Le daba miedo que el aire pudiera estropear esa foto amarilla y cuarteada.
            Retuvo un suspiro y el sonido de sus pasos le hizo sonreír . Su fiel amigo, al que llamaba “noche”, volvía  . Olió sus zapatos y se acomodó a su lado.
            Y así una noche más pasaron juntos las horas hasta que el día llegase y caminaran de nuevo con su cansancio a cuestas, pero siempre con su fotografía.

AmpaCar – Junio 201
Carpe diem