Siempre en esta época mirabas al cielo con tus ojos claros para llenarlos de esos rayos dorados de sol que te hacían sentir bien.
Tiempo de vid, de vendimia y de cantos. Había un gran movimiento en casa en esos días próximos a cortar con mimo y cariño y sumo cuidado esos racimos sagrados que tu decías se convertirían en el oro de paladares sutiles y exigentes como lo eran para “Baco”.
Se volvían a sacar los cestos, los delantales, las tijeras y las pamelas de paja que cubrían del sol. La casa tomaba otra dimensión. El silencio daba paso al bullicio a las risas a las anécdotas a los cuchicheos de las mujeres prendadas de los “mozos”- Todo eran señales y guiños. Todo se remozaba y nosotros también con ellos, aunque debo reconocer que tus miradas iban dirigidas a esas lozanas mujeres de robustos pechos y carnes prietas. Yo las perdonaba y comprendía que eran lógicas. Te veía revivir. Hasta tus andares eran más leves y más rápido. Tu tristeza desaparecía de tu cara y de tu alma. Como no iba a perdonar esas miradas? .
Cada mañana silbando te acercabas al perchero y con lentitud en tus manos cogías tu sombrero de panamá , te lo ponías y de reojo te mirabas al espejo y salías para acompañar a las cuadrillas de mujeres. Al poco rato, volvías con el primer racimo de la mañana para ponerlo en mis manos diciéndome : son nuestras perlas, tus perlas frutales y sabrosas , y con el primer beso del día que me regalabas me dejabas el alma henchida de gozo.
¡¡ tiempo de vid y vendimia ¡!.
Hoy sentada detrás de mi ventana te sigo imaginando y soñando. Ya no suenan los cantos ni las risas. Ni hay chismes que suban desde la cocina donde las mujeres se arremolinaban alrededor de la mesa de mármol.
Nada es igual. Nadie me trae ese racimo y mi beso.
Las risas y cantos se han sustituidos por esos tractores que se adueñan de las vides. Ya nada es igual, pero yo sigo mirando a través de mi ventana, cierro los ojos y te veo sonriendo entre las vides que con tanto amor se fueron haciendo únicas gracias a tus cuidados.
¡ tiempo de frutas doradas y con el tu sombrero sigue colgado en tu perchero esperándote , pero ya nada es igual!
AmpaCar- Septiembre 2010
Carpe diem

