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miércoles, 27 de octubre de 2010

Cartas desde la ventana-Tiempo de membrillo y de santos



         
              Se acerca  la fecha que  tanto querías ignorar pero que  siempre te daba  como un dardo en el corazón. Ambos callábamos y nuestras miradas conforme se iba acercando la  fecha se hacían más hurañas y  tristes,
            Habíamos pactado, que  no hablaríamos  de “ese acontecimiento”, pero no habíamos pactado que nuestros ojos  se cerraran, por lo tanto, las miradas, la tuya y la mía, nos  anunciaba junto  con  los  frutos de esta estación que ese tiempo  cruel se iba acercando.

            Yo, ahora, no he pactado conmigo misma,  y aprovecho  para llevaros  flores. Crisantemos blancos, ninguna otra,que os pongo para adornaros un poco,
vestiros algo  más de gala.Recordaros lo haga cada instante
.
Me siento a vuestro lado y os miro y  veo en tu  gesto  un  rictus cariñoso y casi casi  feliz diría yo. Sabia  de sobra, que  tus ansías era poder estar cuanto antes  con él. Que  se nos fue   sin pedir permiso dejándonos  sumidos en la nube. Sabia, que necesitabas   de él.  Y sabía que   desde entonces toda tu vida estaría dedicada a preparar ese encuentro. Tenías que seguir  enseñándole  y contándole  historias  que tenías preparadas.  Y que quedaron  guardadas  sin  que pudieran ser oídos

Recuerdas el  día  de los membrillos? Recogías  en  nuestro pequeño huerto, algunos y  con alegría lo llamabas  y con tu voz llena  de crino  le  decías: Vamos a hacer dulce de membrillo, veras como te gustará tomarla  en las meriendas.
Os veía  en la cocina  a los dos,  felices. Vuestras risas  se oían por toda la casa y  tú le explicabas como esa pelusa que  se adhiere a su piel,  es para dar a conocer que su madurez  está  a punto cuando casi casi  le  desaparece.
Que paciencia la tuya ¡¡, le ponías  esa vieja silla  de enea  y se subía  a ´´ella   para darle vueltas como podía metidos en  esa olla  roja que habíamos  visto en casa de toda la vida ,  así encamarado  daba  vueltas  al membrillo  con la pequeña fuerza que tenía. Yo  os miraba en silencio intentando retener  estas imágenes que  hoy  me sirven para  vivir  con más fuerza.

Luego, sacabas todos los  “tazones” antiguos  y con mimo ibais echando en ellos la  “carne de membrillo” que dorada como  el trigo os había quedado. La poníais a reposar en la despensa y a esperar  que llegase el  día  de disfrutar de ella.

Así era con todo, con las castañas,  con las granadas. Tiempo de frutos de otoño, de otoño dorado que  era el que te a ti te adornaba.

La lumbre en la chimenea  ya  está  encendida,  y espera   como siempre,  el chasquear de esas castañas que  tanto te gustaban. Era para ti como un ritual, cualquier cosa por pequeña que fuera  la hacías grande porque como decías,  teniéndolo al lado, a  él, a nuestro pequeño  rey, (era como tú lo llamabas) ………….  Todos los momentos y el  tiempo los   hacia  grandes

Pero había que culminar esta época de  frutos con la salida al campo para asarlas allí.  Ese momento,  era sublime. Todo una  ceremonia que los tres  creábamos y que hoy,  se difumina para que no sea tan cruel conmigo ese recuerdo……

            Sentada  aquí junto a vosotros, tengo la fuerza  necesaria para miraros de frente y conformada. Me sienta bien  venir, ese día a poneros  crisantemos  blancos.
Es tiempo de  hojas  secas,  de ocres y dorados. Tiempo  de frio y llamas de lumbre, tiempo  de ti  y  de  él, tiempo  de   nostalgia. “ tempo de tempo”

                                   Hoy  fui a  ver los membrillos, aun están llenos de pelusa, pero el  amarillo  de  su piel  es casi total. Mis manos los  acarician pero  saben que  faltan las tuyas y las risas  pequeñas que los alegraban Maduran con calma,  como si  quisieran esperaros para ver cumplidos  sus sueños  de endulzaros la  boca.

Como cada año  os  recuerdo  también con los  frutos  de los santos y con crisantemos blancos desde mi ventana

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