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martes, 23 de noviembre de 2010

Entre renglones- Serán mis zapatos


        El día había amanecido cubierto por un extenso manto de niebla que desdibujaba el paisaje. Todo parecía más difuminado y  las figuras mucho más sutiles  y delicadas. Mi calle parecía la de un cuento de hadas  donde en cualquier momento podían aparecer  esos duendecillos saltimbanquis llenos  de alegría. El día era propicio para ellos.
         Yo iba caminando con la  cabeza metida entre mis hombros, hacia frió  y la humedad  se posaba en mi chaqueta  dejando  una  sensación  de escalofrió que recorría todo mi cuerpo.
         No tenía prisa,  me había propuesto  no hacer nada provechoso hoy,  tan  solo  respirar y caminar. De vez  en cuando miraba los escaparates que mostraban todo tipo de cosas que las personas pudieran desear y pudieran  adquirir. Pero  yo quería unos zapatos, solo unos  zapatos que me  estuvieran buenos.
         No me  atrevía  a entrar en ninguna tienda, era inútil probar más. Tendría que conformarme con los que tenía. Bueno, tampoco pasaba nada,  eran suficientes para pasar mis días, si, para  caminar el resto de mis días, los zapatos no se rompen con facilidad y si los cuidas, mucho menos.  Pero seguía deseando  unos zapatos,  no importaba  color  ni   forma, solo importaba que se calzasen en mi pie y  me  estuviesen buenos. Soñaba  con que  alguien  pudiera   explicarme  por qué no hacían zapatos para  pies pequeños de personas adultas,   eran los  míos los únicos pies  pequeños del planeta? , Lo cierto  es  que poco a poco me iba convenciendo de que así  era,  que ni las japonesas lo tenían tan pequeños como  yo  pero  seguía   manteniendo  esa ilusión  con la esperanza de poder encontrarlos algún día….  Y parece ser que  sí.  Me habían informado que  una  zapatería  de tradición se dedicaba a eso. No me lo podía  creer, por fin podría  calzarme, no por  necesidad  sino, por capricho?   Tal  vez,  pero  era  así. Se dice que se ansía lo que  no se tiene o lo que no se puede realizar.
            Ya no hacía falta caminar  para ver escaparates,  se pueden comprar desde un ordenador, pero  no se pueden tocar,  ni acariciar. El zapato te habla, te dice como es, por  eso yo no  me  resisto a seguir mirando  escaparates y pensar, me estarán buenos?,….mantener la ilusión de conseguir unos  es algo que  me hace admirar esos zapatos maravillosos,  pero tendré que empezar a  dejar  de lado esa búsqueda y arriesgar por la modernidad  para tal vez  estrenar algún  día de fin de año ( como siempre  se hacía)  zapatos nuevos.
          Sentir que puedo elegir color, forma y meter el   pie y caminar sin que note que lo llevo,  es un regalo casi sobrenatural. Me siento como Alicia  en el País de las maravillas, sin ser Alicia y  si ser maravilloso el país , pero es el mío.
                No, si al final una se puede ilusionar  con  cosas simples  como  es  comprarse  unos zapatos que para la mayoría  es algo normalísimo, pero  que para mí traspasa el  umbral de lo milagroso, y estoy casi  a punto de conseguirlo. Ya  ves yo me ilusiono por unos zapatos  aunque sean  de color rosa.

               Tus ojos  serán mis ojos, tus manos las mías y me contaras que trasmiten esos zapatos., por donde me harán caminar y hacia dónde me llevarán,….aunque  eso prefiero mantenerlo en el misterio e ir  descubriéndolo poco a poco, tal vez me guste la ruta.  

                                                                      
AmpaCar- Noviembre 2010-11-12
Carpe diem