El día había amanecido cubierto por un extenso manto de niebla que desdibujaba el paisaje. Todo parecía más difuminado y las figuras mucho más sutiles y delicadas. Mi calle parecía la de un cuento de hadas donde en cualquier momento podían aparecer esos duendecillos saltimbanquis llenos de alegría. El día era propicio para ellos.
Yo iba caminando con la cabeza metida entre mis hombros, hacia frió y la humedad se posaba en mi chaqueta dejando una sensación de escalofrió que recorría todo mi cuerpo.
No tenía prisa, me había propuesto no hacer nada provechoso hoy, tan solo respirar y caminar. De vez en cuando miraba los escaparates que mostraban todo tipo de cosas que las personas pudieran desear y pudieran adquirir. Pero yo quería unos zapatos, solo unos zapatos que me estuvieran buenos.
No me atrevía a entrar en ninguna tienda, era inútil probar más. Tendría que conformarme con los que tenía. Bueno, tampoco pasaba nada, eran suficientes para pasar mis días, si, para caminar el resto de mis días, los zapatos no se rompen con facilidad y si los cuidas, mucho menos. Pero seguía deseando unos zapatos, no importaba color ni forma, solo importaba que se calzasen en mi pie y me estuviesen buenos. Soñaba con que alguien pudiera explicarme por qué no hacían zapatos para pies pequeños de personas adultas, eran los míos los únicos pies pequeños del planeta? , Lo cierto es que poco a poco me iba convenciendo de que así era, que ni las japonesas lo tenían tan pequeños como yo pero seguía manteniendo esa ilusión con la esperanza de poder encontrarlos algún día…. Y parece ser que sí. Me habían informado que una zapatería de tradición se dedicaba a eso. No me lo podía creer, por fin podría calzarme, no por necesidad sino, por capricho? Tal vez, pero era así. Se dice que se ansía lo que no se tiene o lo que no se puede realizar.
Ya no hacía falta caminar para ver escaparates, se pueden comprar desde un ordenador, pero no se pueden tocar, ni acariciar. El zapato te habla, te dice como es, por eso yo no me resisto a seguir mirando escaparates y pensar, me estarán buenos?,….mantener la ilusión de conseguir unos es algo que me hace admirar esos zapatos maravillosos, pero tendré que empezar a dejar de lado esa búsqueda y arriesgar por la modernidad para tal vez estrenar algún día de fin de año ( como siempre se hacía) zapatos nuevos.
Sentir que puedo elegir color, forma y meter el pie y caminar sin que note que lo llevo, es un regalo casi sobrenatural. Me siento como Alicia en el País de las maravillas, sin ser Alicia y si ser maravilloso el país , pero es el mío.
No, si al final una se puede ilusionar con cosas simples como es comprarse unos zapatos que para la mayoría es algo normalísimo, pero que para mí traspasa el umbral de lo milagroso, y estoy casi a punto de conseguirlo. Ya ves yo me ilusiono por unos zapatos aunque sean de color rosa.
Tus ojos serán mis ojos, tus manos las mías y me contaras que trasmiten esos zapatos., por donde me harán caminar y hacia dónde me llevarán,….aunque eso prefiero mantenerlo en el misterio e ir descubriéndolo poco a poco, tal vez me guste la ruta.
AmpaCar- Noviembre 2010-11-12
Carpe diem


