La tarde se aproxima al otoño y a mi memoria. Cuando la sensibilidad llena los poros de mi piel y se acrecientan los deseos de tenerte aquí conmigo y…………….la mano suda al recordar tu piel es entonces cuando dejo de ser yo para volar por el mapa de nuestras vidas y recordar los minutos que pasábamos soñando.
Comíamos los brotes de las rosas y bebíamos las flores de las madreselvas y Cuando nos escondíamos creíamos ser invisibles y cambiar de forma cuando jugábamos a las estatuas. Como nuestras manos podaban las flores y nuestras heridas se curaban al instante. Nos imaginábamos volar por encima de nuestro patio y nuestro paisaje y abríamos los brazos como niños y queríamos volver a saltar sobre un pié , a la pata coja para llegar a saltitos al cielo
A veces deseábamos ser como dioses , inmunes a todo pero ya ves, solo crecimos. Los juegos de la infancia desaparecieron después que perdimos la inocencia, y la vida empezó a cobrar la realidad del día a día y con ellos todo lo que gira en sus horas.
Recuerdo que cuando llegó el amor fue como descubrir un mundo nuevo. Todas las cosas, el sol, los pájaros, la vida, tenían otro color.. Sentir el estremecimiento de todo mi ser al rozar tu piel, al oír tu voz. Caminar abrazados por el camino aquél nuestro camino bordeado de árboles altos que cantaban en sus copas ramas frescas apuntando al cielo y exhalando olor a pino y eucaliptos, en los atardeceres de verano. Era como andar en la luz más pura.
Pero no todo eran sueños . ¿En qué cruce del camino nos soltamos de la mano? No recuerdo si hubo llanto, reproches, si nos separamos en silencio o porque sí. Solo sé que la ternura que me invade al recordar ese mi primer amor, nubla mis ojos y vuelvo a sentirme niña, ligera, limpia; con ganas de revolotear como aquella mariposa de colores que silenciosa se volviera a posar en tu hombro para quedarse siempre a tu lado.
AmpaCar- 2010-09-20
Carpe diem