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lunes, 20 de septiembre de 2010

Cartas desde la ventana



La tarde se aproxima al otoño y  a mi memoria. Cuando la sensibilidad  llena los poros de mi piel y se acrecientan los deseos de tenerte  aquí conmigo y…………….la mano suda al  recordar  tu piel es entonces  cuando  dejo  de ser  yo para volar por el mapa  de nuestras vidas y  recordar  los  minutos que  pasábamos soñando.
Comíamos los brotes de las rosas y bebíamos las flores de las madreselvas y  Cuando nos escondíamos creíamos ser invisibles y cambiar de forma  cuando jugábamos  a las estatuas. Como nuestras manos podaban  las  flores y   nuestras heridas se curaban al instante. Nos imaginábamos volar por encima de nuestro  patio y nuestro paisaje  y  abríamos los  brazos como niños  y queríamos   volver a saltar sobre un pié ,  a la pata  coja para llegar a saltitos al cielo
A veces deseábamos ser como dioses , inmunes  a todo  pero  ya  ves, solo crecimos. Los juegos de la infancia desaparecieron después que perdimos la inocencia, y la  vida empezó a cobrar la realidad  del día a día y con ellos todo lo que   gira en sus horas.
Recuerdo  que cuando llegó el amor fue como descubrir un mundo nuevo. Todas las cosas, el sol, los pájaros, la vida, tenían otro color.. Sentir el estremecimiento de todo mi ser al rozar tu piel, al oír tu voz. Caminar abrazados por el camino aquél nuestro camino bordeado de árboles altos que cantaban en sus copas ramas frescas apuntando al  cielo  y exhalando olor a pino y eucaliptos, en los atardeceres de verano. Era  como andar en la luz más pura.
Pero no  todo  eran sueños .  ¿En qué cruce del camino nos soltamos de la mano? No recuerdo si hubo llanto, reproches, si nos separamos en silencio o porque sí. Solo sé que la ternura que me invade al recordar ese mi  primer amor, nubla mis ojos y vuelvo a sentirme niña, ligera, limpia;  con  ganas de   revolotear como  aquella  mariposa de colores que  silenciosa  se volviera a posar  en tu  hombro  para quedarse  siempre a  tu lado.
AmpaCar- 2010-09-20
Carpe diem