Su equipaje poco a poco iba completándose con esmero y mimo. Sus corbatas, pañuelos, camisas, gemelos, todo encontraba su sitio en el baúl de viaje.
Una sensación rara se apoderaba de él y no sabrá explicar los sentimientos desconocidos que sentía. Era como un niño ilusionado que no razona, ni entiende de fronteras ni de peligros, sólo quería sentirse así y se encontraba feliz. Nada que no fuera ella ocupaba su mente.
Y ella……Keiko vivía sin sentidos. Los días se hacían cada vez más largos y vacíos, pero, como llenar esta ausencia que le ahogaba y quemaba hasta sus entrañas? Si al menos supiera dónde y cómo encontrarlo. Si al menos pudiera tener la certeza de que era real, que no había sido un sueño?
Presentía sin embargo que algo iba a suceder en su vida, pero esto es habitual en la tradición nipona. Temía que ese algo la apartara de su sueño.
Keiko, una mujer libre e independiente no era muy normal en la sociedad tradicional de su país. Gozaba de una economía poderosa heredada de su familia a la que ella había contribuido su dedicación, pero ahora……necesitaba amar y sentirse amada. Necesitaba sentir sus noches distintas. Cobijada entre sus brazos. Sentir que su piel respiraba vida.
Una punzada de ansiedad le atenazó en ese instante y dejó deslizar sus manos por su cuerpo para soñar despierta. Soñaba que entraba por la puerta y se fundían en un largo beso y abrazo y en esa locura de pasión que necesitaba y deseaba.
No sabía ni siquiera presentía que estaba cerca el olor de esa piel que la hacía seguir viva cada día.
En ese instante, él subía la escalerilla del Karadenizt, ese barco que lo llevaría a su “flor de loto”
AmpaCar. Abril 2011-04-29
Carpe diem
