Por fin se hizo presente y oímos su canto y su ritmo: la lluvia. Sienta bien meternos en esta otoñada. La luz se inclinó para recoger su brillo y extendió su gris color nácar. Apareció lentamente, como perezosa. Le costaba saltar de su nube, pero no se resistió más.
El paisaje cambió. Parecía que se hubiera pintado. A través de mi cristal te vi imponente y maravillosa. Tantas ilusiones que guardabas, tantas reuniones y tantas tardes de “guateques” que encerraban tantas cosas añoradas. Siempre estuviste llena de ilusiones y de miradas. Siempre fuiste precisamente el refugio de tardes de otoño como esta. Tus paredes guardan melodías, sonrisas, besos a hurtadillas y ahora guardan: silencios.
AmpaCar- Octubre 2010
Carpe dien

Apreciada amiga no son gotas de agua eso que ves en la ventana, son diamantes en tu ventana.
ResponderEliminarPiensalo.
Esteban Mediterraneo.
Belleza y tristeza me causa la lluvia.
ResponderEliminarMe gusta más salir después de llover y ver todo mojado, el olor único que desprende la tierra, la nueva vegetación que resurge de ella...
Un biquiño de color de arcoiris.
diamantes inimitables e inalcanzables, solo duran mientras la lluvia quiere. Gotas que se rompen al tocarlas sin la dureza del diamante.
ResponderEliminarGracias Esteban.
AmpaCar
Carpe dien
Le tengo mucho respeto al líquido elemento, puede quitar la vida que dá, arrasar personas y casas y costumbres. Y Carmelilla, por eso hay colores porque hay diversidad de gustos.
ResponderEliminarSon días de pesares y de recuerdos para mi.
AmpaCar- 2010
Carpe dien