Al final que queda entre las manos? Que se ha pegado a ellas? Pequeños detalles, alguna que otra huella profunda que se ha escapado del corazón porque era pequeño y no le cabía dentro, o Tal vez el roce de tu piel que a pesar del tiempo aún sigue vigente en mis manos.
Pero la mochila llena es demasiado pesada para caminar por senderos tortuosos. Tenemos que aliviar el peso de esa mochila para caminar más leves. Si aprendiéramos, no nos dolerían tanto las entrañas cuando sentimos como se cae algo que hemos guardado con esmero.
Al final que nos queda entre las manos? Apenas un poco de agua.
AmpaCar—Junio 2010
Carpe diem


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