El mar lloró demasiado, se enfureció y se llenó de ira , soltó sus brazos y sacudió su gran cola de espuma blanca .
La paciencia oriental una vez mas se pone de manifiesto. Parecen hechos de otra pasta. Sus manifestaciones externas son a simple vista pausadas, como si nos les corriera sangre por las venas, pero me impresiona esta imagen de resignación de esta mujer nipona , recostada en esa simple silla. Las otras imágenes ya las habéis visto.
Demasiada catástofre, demasiada pena, demasiada expresión de la naturaleza, demasiado todo. Ver esa avalancha de agua llevándose por delante todo lo que encuentra, es demasiado tremendo. Me quedo sin palabras y y mi corazón y yo callamos. Ahora no podemos decir nada, tan solo que siento infinitamente esas terribles consecuencias.
Pero florecerán de nuevo los almendros, al mismo tiempo que floreceran las sonrisas .
AmpaCar-Marzo
Carpe diem

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