martes, 15 de febrero de 2011

Buscando tu seda-V


                Deseaba que llegara el momento de poder tenerla frente a él. Los días se le hacían largos y pesados, incluso,  lo que no le  había pasado  nunca, se le  antojaban tristes. Sus deseos y sus  recuerdos  estaban lejos de él y tenía que acercarse a ellos  en  cuanto pudiera.
                El negocio  no le iba mal, había  vendido  todas las sedas que pensando en ella  había comprado. Eran de una calidad  excelente,  de diseños  elegantes  y tonos suaves. Habían  ido  a vestir damas elegantes para  ensalzar su belleza y deleitar las miradas de caballeros  que  apreciaban ese gusto extraño y exquisito que produce la seda,  solo en  personas que saben apreciarla  y darle el  justo valor.
                Pero él se preguntaba, para  qué tanta fama como comerciante único ,  si tenía que  estar alejado de ella  para seguir siendo un  mercader  prestigioso si  esto le impedía  no estar ni   vivir cerca de ella?. Debía conseguir cambiar esa situación  y  se lo propuso.
                Mientras, Keiko, continuaba  con su rutina diaria  que le  dejaba  poco  tiempo  para detener su memoria, cosa que le  favorecía a sus sentimientos .Pero cuando se  hacía la  noche, él se adueñaba de su destino como mujer. Lo soñaba, lo amaba, y cada poro de su piel se llenaba  de su recuerdo. Pero ella, estaba resignada a  vivir sin él. Le parecía demasiado poder compartir  su vida con  quien había elegido y que no  era   más que  un desconocido. Alguien para ella misterioso y por ahora fugaz  que le  había dejado profundas huellas.
                El otoño se acercaba. Los días se iban acortando y tenía más noche  para pensar en él. Le daba miedo esta situación. Se veía mermada en  su voluntad. Nada  le  distraía. Había desatendido  sus compromisos sociales. Sus salidas  eran cada  vez menos y la sensación de  pena se  adueñaba de ella  que igual  que  los  días otoñales se  le iban cayendo sentimientos  poco a poco.
                El tiempo iba transcurriendo a favor de los dos,  a pesar  de la lentitud  con la que  pasaba. Cada día, en la distancia, comprendían  mas y mas  que se necesitaban  que sus  vidas  tenían que  vivirlas unidos.  saboreándose   uno  al  otro.
                El la tenía  presente  cada noche. Al  lado de su  gin “Bombay” siempre había  un  finísima copa de cristal reluciente con  agua  de  gas  y  una  rodaja de limón,  su bebida .La  vestía de seda y se maravillaba  de su figura . Sus ojos se clavaban en  esa copa  que le  traía  el  recuerdo de sus finísimas manos. Ella, cerraba los ojos, se daba un toque de perfume y lo  notaba  presente, fuerte y deseoso de  sus caricias que ella le  regalaba en la distancia.

AmpaCar-febrero 2011-02-15
Carpe diem

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