jueves, 13 de enero de 2011

Buscando tu seda- IV


           No era posible conciliar la tranquilidad que necesitaba para atender y planificar su vida, que ella sabía que le había dado un giro de ciento ochenta grados. Todo había cambiado para Keiko, sobre todo su pensamiento que la dominaba y acaparaba con una sola imagen: la  de él.
            Le iba embargando una  tristeza inusual en ella. Habían pasado casi tres meses de su cena compartida en aquella noche inolvidable. Muchos días pasaba por el  hotel en su coche a la hora en que  él habituaba  a salir de él,  para verle, pero desde hacía veintitrés días contados  no era así. Tampoco se atrevía a entrar.
            Toda ella se consumía lentamente en sus recuerdos y su cuerpo en la distancia reaccionaba con esa inquietud de una enamorada. En su intimidad lo amaba y deseaba, lo hacía suyo una y  otra vez y se llenaba  de él. Vivir así era difícil para ella que era una mujer con tradiciones orientales en su sociedad, pero su formación había sido europea y en su fuero interno rechazaba esos comportamientos orientales que  hacen  de la mujer casi nada más que una muñeca de porcelana. Era difícil compaginar todas las situaciones,  pero estaba decidida a hacerlo.
            Ser “muñeca” entre sus brazos, sentirse protegida, deseada, acariciada y ser la mujer amada sin reservas, era lo que ella quería conseguir.
            Tan grande era su deseo y curiosidad que se atrevió a  reservar una mesa  en su “hotel”  para cenar. Cuando llegó el día   estuvo toda la  tarde inquieta. Con dos horas de anticipación salió de su empresa en dirección a su casa. Se tomaría ese tiempo para conseguir estar esplendorosa. Un baño relajante con esencias de aceite de almendras para suavizar aún más su piel de porcelana, que deseaba fuera acariciada. Cerró los ojos y dejó volar su imaginación.
            Kimono o traje europeo? Le costó tomar la decisión pero quería ser la mujer oriental que  él había conocido e invitó a cenar.
            Se acercaba la hora y Keiko estaba perfecta. Su escote dejaba adivinar  el cuerpo  que su kimono de seda  encerraba. Cualquiera podía imaginárselo. Su cuello de garza se rodeaba de unas perlas maravillosas. Se  dio el toque final con su perfume y salió. Su fragancia iba posándose por donde pasaba. Las miradas eran inevitables. Su elegancia natural llamaba la  atención y ella lo sabía.
            No levantaba su vista del suelo. Subió despacio la escalinata del hotel, respiró profundamente y se encaminó al salón. Sus piernas empezaron a temblar, deseaba encontrarse con él.
            El maîtres se le acercó y con una inclinación de cabeza como corresponde al saludo oriental, la acompañó a su mesa. Recorrió con su mirada todo el  salón comedor, pero su mesa estaba vacía. No podía ser,  pero  sí……………No  perdió la esperanza de verlo entrar  pero  sabía que no vendría.
            El camarero se le  acercó y le sirvió su agua mineral con gas y limón. Ensimismada en sus pensamientos no se dio cuenta que otro camarero depositaba delante de ella la  bandeja con ostras y otra de plata con una flor de loto y una nota: “buenas  noches  y buen provecho querida”.
            El camarero al ver su expresión dijo: señora, había dejado orden por si algún día venía a cenar en su ausencia.
            El supo por una llamada telefónica que había llegado, que no se había perdido y que no había sido un sueño.
            Con el deseo de volver a ella cuanto antes se imaginó que la tenía a su lado y que sus manos iban despojándola lentamente de su kimono que dejaba sus hombros al descubierto. Empezó a  vivirla, a sentirla y a  acariciarla.
            Keiko mientras tanto, miraba la flor de loto que le  había regalado  y la cogió entre sus manos. En  ese momento sintió que él donde quiera que estuviese había llegado a la gloria.

AmpaCar-Enero 2011-01-13
Carpe diem

2 comentarios:

  1. Anparo wa kanari watashi ga nihongo de tekisuto o hon'yaku suru koto o kimeta kaite mimasen ka?

    Haiyū ni naru ni wa, kono hōhō de wa naku, kankyaku o suteppu

    Dōmo arigatō
    Esuteban..



    Amparo escribes muy bonito tanto que he decidido traducir tu texto en japones .

    Paso de esa forma a ser actor en lugar de espectador

    Muchas gracias
    Esteban

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  2. gracias Esteban, pero eso es demasiado para una pequeña historia.
    Te dejo una cancion maravillosa que acabo de colgar y me alegra que seas actor, eso si que es un honor para mi.
    amparo
    Carpe diem

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